«Si no me pongo a cargar una bocina, me siento inútil»: Micky Huidobro y el regreso a las bases con El Gentleman del Rock

Hablar con Micky Huidobro siempre es un ejercicio de franqueza sin filtros. A unas semanas de su presentación en el festival Tecate Pa’l Norte 2026, nos sentamos a platicar no sobre la maquinaria gigantesca que es Molotov, sino sobre su faceta más cruda, solitaria y talachera: El Gentleman del Rock.

Con un disco homónimo de 11 canciones recién salido del horno, Micky regresa a los fundamentos de colgarse un bajo distorsionado, cargar sus propias bocinas y apoyarse únicamente en la brutalidad de Silvana en la batería. Hablamos sobre el público regio, la resistencia de tocar instrumentos de verdad y cómo lidiar con el nervio cuando ya no hay a quién echarle la culpa en el escenario.


Kuadro: Micky, qué gusto saludarte. Escuchando tu disco, me encanta que son 11 canciones; mantienes la esencia de sacar un disco completo en una época en la que muchas bandas solo quieren lanzar EPs y sencillos.

Micky Huidobro: Hay que checar el origen de la palabra: un EP es un extended play. Para hacer un EP, primero tuviste que haber hecho un LP (long play), que son 45 minutos de música. Entonces, si quieren hacer un EP sin antes hacer un disco completo, pues los chavos no han hecho bien su tarea.

A mí me gusta tener mucho material para escribir y muchas cosas de qué hablar. Las canciones van retratando el momento de una persona, y es mi visión de las cosas. El hecho de viajar por el mundo te da el chance de no inventar cosas que ves en las noticias, sino de hablar de lo que viven tus amigos en Venezuela o en otros lados. Te da autocrítica para tu propio país: viajas y te das cuenta de que la CDMX está chida, pero el resto del país no tanto. O dices: «Güey, ¿dónde está nuestro sistema de salud de primer mundo si sigo teniendo que llevar mis propias gasas y jeringas?».

Kuadro: Llevas todas esas historias crudas, tanto de México como de otros países, al Pa’l Norte. Vas a llegar a romper madres a un festival masivo, con un público a veces catalogado como «mocho», a tirarle guitarrazos en pleno sol…

Micky Huidobro: Bueno, no creo que varíe mucho el público regio en ese aspecto; hay público para todo. Hay muchísima gente en ese festival, así que si hay un sector que no quiere ir a ver a Micky Huidobro o a Molotov, tiene todo su derecho de pasar al escenario de junto, ir al baño o hacer lo que se le dé la gana. Lo que no se vale es tratar de censurar. No es tu festival ni manejas el país como se te da la gana. La censura limita las libertades de los demás y no puedes caer en esas actitudes solo porque te crees dueño de algo.

Kuadro: Con este proyecto solista los reflectores están sobre ti. Si la riegas o falla algo, tú eres el único responsable, ya no puedes voltear a culpar a alguien más. ¿Te regresa el nerviosismo?

Micky Huidobro: La verdad es que es un sentimiento con el que vivo todo el tiempo, ya estás acostumbrado a eso. Hace poco me preguntaban qué se siente tocar ante 150 mil personas, y yo les decía que es lo mismo que tocar frente a 50 o 20 personas.

Incluso, muchas veces tocar ante 20 personas es mucho más difícil. Ahí los estás viendo a la cara, reconoces sus expresiones, ves si no la están pasando bien, si no bailan, no gritan o si les vale madres. Esos son los shows difíciles. A 180 mil personas no les importa si la cagaste; a partir de las mil personas la percepción se distorsiona mucho. Es un sentimiento que aprendes a controlar y por eso no tengo problema de ir al Pa’l Norte. Y si llego y me empiezan a abuchear desde antes… pues también me la pelan [risas].

Kuadro: En este nuevo proyecto tienes a una gran baterista atrás. ¿Qué tanto le ha inyectado Silvana a «El Gentleman del Rock»?

Micky Huidobro: Ha aportado una frescura que aprecio muchísimo. Cuando estás en una banda grande y regresas de gira, lo que menos quieres es volver a ver a tus compañeros. Aquí, si no nos hemos visto en un mes, llegamos al ensayo y se nota el: «¡Órale, sí me extrañabas!». Se nota en las ganas de tocar y pegarle duro a los tambores.

Su puntualidad y su interés para preguntar las dudas te obligan a corresponderle. Yo tengo que dejarle montada y microfonada su batería tal como la necesita, para que no batalle. A la hora de tocar, estás peleándote con tu instrumento, siempre hay factores o cosas que se rompen; entonces trato de procurarle todo para que no pasen cosas desagradables. Es mi forma de devolverle tanta frescura al proyecto.

Kuadro: Sigues apostando por colgarte el instrumento, sudar y hacer ruido. Cuando camines por los pasillos del Pa’l Norte y veas a morros que solo le dan «play» a una laptop o esperan que la Inteligencia Artificial haga el trabajo, ¿sientes que tocar es el último acto de resistencia del rock?

Micky Huidobro: No sé cuál sea el motivo de cada uno de ellos para tocar nomás dando un «play»; tampoco es algo en lo que me tenga que meter. Pero a mí lo que me gusta es bajarme al ruedo.

Yo creo que me moriría si no llego a mi casa a cargar una bocina, o si no me despierto a tocar algo, o a limpiar una parte del equipo. Tengo que estar haciendo algo porque, si no, me siento inútil. Esa sensación de sentirse inútil ya la traen muchos, pero yo no quiero caer en eso. Cargarle la mano a alguien o depender de la comodidad me parece un poco pasarse; de esas cosas que oscuramente digo: «Chale, ¿por qué esa manchadez?».

Por ERICK DUARTE

Melómano, Apasionado de los Conciertos y la Cerveza // Aun me gusta meterme al slam y volar entre la gente // Estudie Management y Periodismo Musical // Licenciado en Informática (IPN)