Reseña | Karen Zárate: Bahía — El free jazz como paisaje, la improvisación como memoria

Hay algo profundamente acuático en Bahía. No solo por el título, sino por la manera en que la música se mueve: ondula, se retira, vuelve con más fuerza, se estanca en un remanso y luego rompe. Es un disco que respira como el mar, y esa no es una imagen casual sino una metodología. Karen Zárate grabó estas siete improvisaciones en una sola sesión de dos horas, sin cortes, sin sobregrabaciones, sin red. Lo que se escucha es lo que pasó. Y lo que pasa es notable.

Lo que suena

Bahía es el primer álbum de larga duración de la contrabajista y compositora mexicana, y llega después de Impulso (2025), el EP con el que su cuarteto anterior —instrumentación clásica de jazz— se presentó en el festival ORJAZZM con un sold out de 200 asistentes. Aquí, Zárate cambia de formación y de lógica: en lugar del piano y el saxo alto, convoca a Adrián Escamilla (voz, saxo tenor y soprano), Enrique Camacho (bajo eléctrico con efectos) y Pablo Loaiza (batería). Cuatro voces, ninguna partitura, una sola toma.

El resultado es un disco que se sostiene sobre tres pilares: la escucha colectiva, el intercambio de funciones y la geografía como partitura emocional.

Lo mejor

La interacción entre los dos bajos. Es el corazón del disco. Zárate (contrabajo acústico) y Camacho (bajo eléctrico con efectos) no se limitan a sostener la armonía: se turnan el liderazgo, se contradicen, se empujan. En «Raya», la pieza más pesada del álbum, ambos ejecutan walking bass simultáneos con instrumentos de pesos y timbres distintos, y el efecto es el de dos corrientes que arrastran en direcciones opuestas sin perder el cauce. Cuando uno lidera los cambios de centro tonal, el otro sostiene; cuando ambos hacen base, la música se vuelve hipnótica.

«He pensado en ti». Aquí Zárate toca como única bajista y el disco alcanza su momento más íntimo. Escamilla dialoga con ella en el saxofón, Loaiza se mantiene por detrás, propositivo, incómodo, y el resultado es una de esas raras piezas de free jazz que no se sienten como un ejercicio sino como una confesión. La añoranza es palpable: cuando uno se queda solo en un paraíso, ¿en quién piensa?

«Canto al Sol». La apertura es perfecta. Escamilla en voz, Loaiza en el silbato, y esa sensación de amanecer costero, de brisa fresca, de día por estrenar. Es una introducción que no anticipa el caos que vendrá, y por eso funciona.

La producción de Pesticide Free Music. Capturar una sesión de dos horas sin que suene a documento crudo tiene mérito. El disco suena cálido, presente, con suficiente aire entre los instrumentos para que cada gesto se distinga. La fotografía de Scarlett Camacho —la portada desde el faro de Cruz de Huanacaxtle— completa el paquete conceptual.

Lo que se puede discutir

La extensión. Bahía dura lo que dura una sesión de improvisación, y eso significa que hay pasajes que se estiran más de lo necesario. «Bosque de Niebla», por ejemplo, tarda en encontrar su centro, y «Cima» —el solo de Camacho—, aunque tiene momentos brillantes, se siente más como un interludio que como una pieza completa.

La barrera de entrada. No es un disco para escuchar de fondo. Exige atención, y en un momento en que el consumo musical tiende a la fragmentación, pedir dos horas de escucha concentrada es casi un acto de resistencia. Quien busque melodías reconocibles o estructuras familiares se sentirá perdido. Quien acepte la invitación, encontrará recompensas.

El equilibrio entre voces. Escamilla tiene un papel central y su presencia es magnética, pero por momentos el saxofón y la voz ocupan tanto espacio que opacan la riqueza del trabajo de los bajos. Es un problema de mezcla menor, pero detectable.

La pregunta de fondo

¿Es Bahía un disco de free jazz o un disco de paisaje sonoro? La respuesta es: las dos cosas, y ahí está su mayor logro. Zárate no usa la improvisación como un fin en sí mismo, sino como un lenguaje para hablar de un lugar. La Bahía de Banderas no es un pretexto temático: es la estructura profunda del álbum. El oleaje, la fauna, la población que resiste al desplazamiento, el monitoreo de tortugas, ballenas y aves, la noche sin alumbrado público, la lluvia de estrellas fugaces —todo eso está en la música, no como ilustración sino como presencia.

Veredicto

Bahía es un disco valiente, imperfecto y necesario. Valiente porque apuesta por la toma única y la improvisación sin red en un mercado que premia lo predecible. Imperfecto porque la libertad tiene costos, y algunos pasajes lo evidencian. Necesario porque confirma que el free jazz mexicano tiene una escena viva, con voces propias, y que Karen Zárate es una de sus figuras más propositivas.

No es un disco para todos. Es un disco para quien quiera escuchar el mar en un contrabajo, la memoria en un saxofón, y el paso del tiempo en una sola toma.

https://open.spotify.com/intl-es/album/1AZpqNlEtfEmm2TTOgLbR2?si=CuY09CxLRUK9Qc9sCGk7sw

Ficha técnica:

  • Artista: Karen Zárate (contrabajo)
  • Músicos: Adrián Escamilla (voz, saxo tenor y soprano), Enrique Camacho (bajo eléctrico con efectos), Pablo Loaiza (batería)
  • Álbum: Bahía
  • Sello: Pesticide Free Music
  • Producción sonora: Pesticide Free Music
  • Fotografía: Scarlett Camacho
  • Lanzamiento: 13 de septiembre de 2026
  • Estreno en vivo: 20 de septiembre de 2026, Mae’s Clab, Narvarte, CDMX