Fotografía: Scarlett Camacho @itsscarcaman
La contrabajista y compositora Karen Zárate entrega con «Impulso» un EP que no solo documenta piezas musicales, sino que captura el instante preciso en que cuatro músicos dejan de ser individualidades para convertirse en un solo organismo expresivo. Grabado en el estudio Pesticide Free Music de la Ciudad de México bajo la producción de Jan Boker, este trabajo de 2025 se erige como una de las propuestas más interesantes del jazz contemporáneo mexicano, precisamente por su capacidad de equilibrar la exploración vanguardista con una profunda calidez emocional.
La forma como contenido
Lo primero que sorprende de «Impulso» es su concepción estructural. En lugar de partir de partituras cerradas, Karen Zárate ofrece a sus músicos —Enrique Jiménez en saxofón alto, Katzer Suárez en piano, Ian Gurman en batería y ella misma al contrabajo— fragmentos, frases, dibujos o «escenarios a completar». Esta decisión, lejos de ser una limitación, se convierte en el motor creativo del disco. Cada tema es una negociación en tiempo real entre lo que la compositora propone y lo que el ensamble decide construir colectivamente.
El resultado es una música que respira con naturalidad, que nunca suena forzada ni académica. Hay en estas cuatro piezas —»Lluvia», «Carnaval», «Armolodía» y las que completan el EP— una sensación de descubrimiento constante, como si los músicos estuvieran escuchándose a sí mismos por primera vez al mismo tiempo que nosotros.
«Lluvia»: El corazón del disco
Si hay un tema que condensa las virtudes del Karen Zárate Quartet, ese es «Lluvia». No es casualidad que haya sido la pieza más celebrada por la crítica, que ganara una convocatoria de la Escuela de Antropología e Historia y que se estrenara en radio antes de su llegada a plataformas.
La pieza construye un paisaje sonoro que evoca la lluvia en la ciudad con una precisión impresionista. Sobre un acorde menor que funciona como horizonte inmutable, todos los instrumentos se concentran en la creación de texturas. El piano dispersa gotas armónicas, la batería susurra con escobillas, el saxofón dibuja líneas quebradas como relámpagos lejanos. Y en el centro, el contrabajo de Zárate asume la melodía con un lirismo desgarrador, gracias también al trabajo de grabación de Jan Boker, que capturó el instrumento con tres líneas independientes, revelando cada matiz de su riqueza tímbrica.
«Lluvia» no describe la lluvia: la vuelve experiencia sensorial. Hay en ella una melancolía serena, una aceptación de lo inevitable que conmueve sin necesidad de estridencias.
«Carnaval»: La energía del encuentro
Como contrapunto, «Carnaval» irrumpe con una energía festiva y orgánica. Grabada como primera pieza de la sesión, conserva la incertidumbre del inicio: piano y batería comienzan sin saber qué dirección tomar, mientras saxofón y contrabajo los guían en un viaje que se va construyendo sobre la marcha.
Lo fascinante de escuchar «Carnaval» sabiendo esta anécdota es que la incertidumbre inicial se vuelve audible, pero no como debilidad, sino como testimonio de un proceso auténtico. La pieza crece en intensidad a medida que los cuatro músicos encuentran su lugar, negociando constantemente el ánimo, la velocidad y la función de cada instrumento. Es el jazz en su estado más puro: la creación instantánea como forma de vida.
«Armolodía»: El caos como homenaje
La pieza más desafiante del conjunto es «Armolodía» , que Karen Zárate describe con honestidad como «la más fea» y dedica a un profesor con evidente humor. Concebida a partir de una sola frase que admite cualquier armonía, el tema transita desde la más absoluta incertidumbre —el piano inicia sin saber qué va a pasar— hasta un cierre en forma de blues tradicional.
Esta travesía desde el caos hacia el orden, o quizás desde el orden hacia el caos dependiendo de cómo se escuche, condensa la filosofía del cuarteto: no hay rutas prefijadas, solo direcciones posibles. La pieza puede sonar incómoda en momentos, pero esa incomodidad es deliberada, es parte de una búsqueda que no teme a los territorios fronterizos.
La química como protagonista
Uno de los mayores logros de «Impulso» es la comunicación casi telepática entre los músicos. Todos coincidieron durante 2025 en ensambles de jazz tradicional y talleres de improvisación libre, y esa doble exposición —a la estructura y al caos— ha forjado un entendimiento poco común.
Enrique Jiménez (saxofón) y Karen Zárate (contrabajo) desarrollaron una complicidad particular, tocando «como si estuviéramos solos, sin preocuparnos más que por sonar bien juntos». Esta intimidad es el eje alrededor del cual gira todo el disco. El piano de Katzer Suárez actúa como ancla estructural cuando es necesario, recordando la forma sin imponerla, mientras la batería de Ian Gurman se mueve con una sensibilidad rítmica que sigue cada inflexión del discurso colectivo.

La producción como aliada
Mención aparte merece el trabajo de Jan Boker al frente de Pesticide Free Music. Su decisión de grabar el contrabajo con tres líneas independientes —dos micrófonos condensadores en las zonas de resonancia del instrumento y una línea directa desde la pastilla piezoeléctrica— permite que cada arcada, cada armónico, cada textura sea capturada con una claridad que enriquece todo el entramado sonoro.
La mezcla, también a cargo de Boker, respeta la dinámica natural del ensamble sin artificios innecesarios. No hay aquí la sobreexplotación de recursos digitales que a menudo empobrece las grabaciones de jazz contemporáneo. Hay, en cambio, una escucha atenta y una decisión constante de dejar que la música respire.
Conclusión
«Impulso» de Karen Zárate Quartet es un disco que recompensa la escucha atenta y castiga la distraída. No es música de fondo; es música que exige participación, que invita a entrar en su diálogo y a dejarse llevar por sus derivas. En un panorama musical a menudo dominado por la inmediatez y lo predecible, este EP se erige como un recordatorio de que el jazz sigue siendo un territorio de exploración, de riesgo y de encuentro genuino.
Con «Impulso», Karen Zárate no solo se consolida como una de las voces más interesantes del contrabajo en México, sino que demuestra que la verdadera innovación no está en los gestos estridentes, sino en la capacidad de construir, desde la libertad y la escucha colectiva, un lenguaje musical que se siente al mismo tiempo nuevo y profundamente humano.
Lo mejor: La química del ensamble, la producción detallada de Jan Boker, la profundidad emocional de «Lluvia», el riesgo asumido en «Armolodía».
Lo destacable: La manera en que el contrabajo asume el liderazgo melódico sin perder su función rítmica.
Para quienes gustan de: Jazz contemporáneo, improvisación libre, exploraciones tímbricas, música que respira.
«Impulso» (2025) y el sencillo «Carnaval» (2026) ya disponibles en plataformas digitales.

